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El primer problema no son los rechazados, sino los lugares no aprovechados


El actual Gobierno Federal ha reiterado su intención de desarrollar universidades públicas para dar cabida a todos los solicitantes de acceso a licenciatura y que no son aceptados.

Acorde al Anuario 2018-2019 de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), fueron 1,380,444 personas las que solicitaron ingreso a Licenciaturas Universitarias y Tecnológicas de Instituciones Públicas, pero solamente 619,637 ingresaron. Si asumimos que todos los que no ingresaron tenían méritos de ser admitidos, pero no pudieron hacerlo por falta de espacios, estaríamos hablando que entonces habría que duplicar la capacidad actual para dar cabida a ese talento.

Sin embargo, la película cambia cuando vemos otro dato publicado por la misma ANUIES: los lugares ofertados por las mismas instituciones públicas. Es evidente que hay una restricción física y de profesores que hace que se pueda aceptar un número determinado de personas, lo que define la "capacidad actual" de aceptación. Las mismas instituciones públicas definieron que en el ciclo 2018-2019 ofrecían 913,613 lugares. Esto quiere decir que sólo se utilizó el 68% de la capacidad ofrecida por estas instituciones.

Entonces, el tema no es falta de capacidad, sino diversas variables complejas de balancear: diferencia entre oferta y demanda por carrera, por estado, diferencia entre lo que el mercado laboral demanda y la formación de los egresados, y esto sin considerar la caída de ingresos de las personas que cuentan con estudios superiores.

Esto se puntualizó recientemente para el caso de Medicina General, pero el fenómeno es el mismo: sólo se ocupó el 66% de la capacidad disponible.

Por lo tanto, pensar que lo que hace falta es tener más universidades, es una solución muy superficial y equivocada para una situación que requiere estrategias más integradas y complejas.

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